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miércoles, 25 de febrero de 2009

VENTANA SUR (XIV).

"Guardo una tarde de sol por si hace falta..." Manolo García.

sábado, 21 de febrero de 2009

CUALQUIER DÍA ES BUENO.

Dominados por todo cuanto nos estimula, atrae o apetece, nos instalamos cómodamente en la ergástula de nuestras pasiones, un encierro elegido, sin sentencia ni barrotes y con nuestra alevosa ansia de escabullirnos de nosotros mismos, por toda vigilancia.
Apegados a la idea de que nunca es buen momento para abandonarse a una mejora, decidimos darnos un homenaje, entregándonos al deleite del efímero gozo de nuestro abandono y pensamos que cualquier día es bueno para intentar rescatarnos.
LOU RED - Perfect day. 1972.

Just a perfect day,
Simplemente un día perfecto,
drink Sangria in the park,
beber sangría en el parque,
and then later, when it gets dark,
y más tarde, cuando anochezca,
we go home.
vamos a casa.
Just a perfect day,
Simplemente un día perfecto,
feed animals in the zoo
dar de comer a los animales del zoo
then later, a movie too,
más tarde, una "peli",
and then home.
y luego a casa.

(Estribillo):

Oh it's such a perfect day,
Oh es un día tan perfecto,
i'm glad I spent it with you.
me alegro de pasarlo contigo.
Oh such a perfect day,
Oh un día tan perfecto,
you just keep me hanging on,
tú me ayudas a resistir,
you just keep me hanging on.
tú me ayudas a resistir.

Just a perfect day,
Simplemente un día perfecto,
problems all left alone,

los problemas quedan a un lado.
Weekenders on our own,
Domingueros a nuestro aire,
it's such fun.
es tan divertido.
Just a perfect day,
Simplemente un día perfecto,
you made me forget myself.
hiciste que me olvidara de mí mismo.
I thought I was someone else,
Pensé que era otra persona,
someone good.
alguien bueno.

(Estribillo)

You're going to reap just what you sow, (x3)
Vas a recoger sólo lo que siembres,...

video
Escena: "Trainspotting" de Danny Boyle. 1996.

martes, 17 de febrero de 2009

DEVANEO. Veinte.

Reaccionan mis pupilas ante la explosión de luz. La mole de piedra queda definitivamente atrás, apenas desaparece su pesada sombra. El blanco muta paulatinamente al azul y la radio, después de su vómito de interferencias, se recupera de la indigestión de oscuridad que por un rato me acompaña.

miércoles, 11 de febrero de 2009

HOSPITALIDAD.

Como llego temprano, encuentro la puerta del ayuntamiento cerrada. Decido hacer tiempo en la taberna de María, -no será el primer café que tome aquí-. Mis gafas se empañan al cruzar la puerta. Fijándose siempre en quién entra, un buen número de avezados jornaleros abarrotan la cantina mientras “se preparan” antes de ir al tajo. Me despojo de la cartera y las gafas y doy los buenos días. Responden los más cercarnos que abren un pequeño hueco hacia la barra. Pido el café a la dueña mientras limpio las lentes. El abuelo que queda a mi lado se percata de la maniobra y para sacar conversación, evidencia el efecto de la diferencia de temperatura con el exterior. Comento como se encrudece el invierno en aquella comarca. Quiere saber de donde vengo y a que me dedico. Satisfago su curiosidad para que me cuente como él no salió nunca de aquel pueblecito, a excepción de los contados y “justificados” viajes que me explica. Pareciéndome que más que hablar quiere ser escuchado, le dedico toda mi atención. En el tiempo que duran su cigarro y mi café, me hace partícipe de los detalles más sentidos de su vida: la enfermedad de su mujer, la muerte de su hijo, la senectud,… y su gusto por conocer a la “gente nueva”. Apremiado por la hora, le hago saber el placer que he tenido de escucharle. Me despide con un “vaya usted con dios” que me hace sentir verdaderamente acompañado.

video
Escena: "La fortuna de vivir" de Jean Becker. 1998.

domingo, 8 de febrero de 2009

QUEMAR LAS NAVES.

"Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos".
"Alexis o el Tratado del inútil combate".



La escritora francesa Marguerite Yourcenar publica en 1929 su primera novela -escrita a modo de carta-, "Alexis o el tratado del inútil combate", donde independientemente de la audaz y sutil manera de tratar su temática, se disfruta enormemente la habilidad con la que esta autora maneja la universalidad de los sentimientos:

"Estaba absolutamente solo. Hasta ahora no he dicho nada de los rostros en los que se encarnó mi deseo; no he interpuesto entre tú y yo, más que fantasmas anónimos. No creas que me obligue a ello el pudor o los celos que uno siente de sus recuerdos. No presumo de haber amado. He sentido demasiado lo poco durables que son las emociones más vivas para querer, al acercarme a seres perecederos, encaminados hacia la muerte, extraer un sentimiento que se pretende inmortal. Después de todo, lo que en el otro nos conmueve sólo es un préstamo que le ha hecho la vida. Creo que el alma envejece, como la carne y sólo expresa, en los mejores, el esplendor de una época, un milagro efímero con la misma juventud. ¿Para qué, amiga mía, apoyarnos en lo que no perdura?"


Audio: Luis Felipe Barrio en su álbum "Rojo".

viernes, 6 de febrero de 2009

LO BUENO Y BREVE.

Es lo que digo,
no es que no me tengas,
es sólo que no tienes
nada conmigo.

video
Me voy a vivr solito
porque aquí con tanta gente,
me puedo volver loquito.

Y yo no sé que es mejor,
si emprender el camino
de nuevo hacia tí
o buscar un nuevo destino
muy lejos de aquí.

Yo no se que es mejor,
si buscar hasta encontrarte
o esperar a que se apague
esta hoguera de pasión.

Yo te quiero, te quiero
pero me da miedo
que el amor siga creciendo
y creciendo y creciendo...
y cuando mas alto esté,
venga el orgullo jugando
y lo rompa sin querer.

Las flores de tu balcón
lloran por verme,
que lo se yo, que lo se yo, que lo se yo.
Las flores de tu balcón
lloran por verme,
¡valgame dios!,
con lo bonita que eres
y no tienes corazón.

¡Ay que dolor!
cuando la gente te pisa
las flores de tu ilusión.

Video: Recital de "Lole y Manuel" emitido por TVE en los años 70.

domingo, 1 de febrero de 2009

EL DESQUITE.

Ya contaba aquí que mi padre no era un hombre de letras,… aunque tampoco lo fue de números.
Tenía su propia manera de enumerar las cosas, estuviera en la situación que estuviera, después de “uno” nunca decía “dos”, en su lugar siempre colocaba un “otro”. Y lo hacía con tanta naturalidad, que ha tenido que pasar el tiempo para poder comprender la socarronería que tan hábilmente desplegaba para estar cerca de los demás. Hago memoria y lo veo claramente frente a mí mientras hacía los deberes con la mesa repleta de lápices:
-Aaamigo,… ¡estás rico! -decía señalando con un gesto mis lápices de colores para ayudarme a entender de qué hablaba- …a ver,... uno, “otro”, tres, cuatro,… ¿y todos te sirven?.
Yo sonreía. Él también.
En una tarde como ésta -de gris invierno quiero decir-, presencié como se las gastaba después de sufrir la injusticia de un acto vandálico. Llegó a casa ofuscado, refunfuñando y cuestionando la moralidad materna de “vetetúasaberquién”. Mascullaba algo sobre su moto, una Derbi de 49 cc. que utilizaba para ir a trabajar al campo y que tenía una pegatina recordando el -por aquel entonces-, tricampeonato del mundo conseguido por Ángel Nieto. Al parecer, según contaba a mi madre, la queja venía porque “algún desgraciado” le había birlado el tapón del depósito de gasolina. Por su narración, -plagada de tacos, blasfemias y amenazas-, pudimos saber como se las había ingeniado para llegar a casa bajo la lluvia, improvisando un nuevo tapón con un trozo plástico. Nadie se atrevía a decir esta boca es mía, mi madre intentaba apaciguarlo diciendo que probablemente pudiera conseguir otro al día siguiente en el taller de “Carrilero” -así se apellida quién todavía lo regenta-, pero él insistía en que lo solucionaría esa misma noche. Se lavó, se puso un hato limpio y se marchó, según dijo, a visitar a su madre. Otras veces me hubiera invitado a ver a mi abuela, pero aquella tarde no lo hizo.
Llegó la noche con la preocupación de mi madre de donde se habría metido “este hombre” y a medida que pasaba el tiempo, cobraba mas fuerza la posibilidad de que se hubiera “entretenido donde no debiera”. Y así fue. Cuando entró mi padre a la salita, el olor a taberna se notaba a la legua, en su cara brillaba un aire de satisfacción que en un principio achacamos a la evidente intoxicación etílica que llevaba a cuestas, pero cuando se sentó supimos el porqué de su regocijo.
En el momento en el que mi madre fue a la cocina para calentarle la comida, él empezó a contar mientras se sacaba de los bolsillos los tapones de depósito de gasolina de las motos que había ido encontrando en el trayecto desde la taberna a casa.
- Uno, “otro”, tres,… -así hasta siete-,… y ahora, ¡que me lo quiten otra vez! -sentenció-.
A mi hermana y a mi se nos abrían los ojos como platos a cada tapón que sacaba de sus bolsillos y si digo la verdad, desde mi corta edad deseaba que aquello no acabara nunca, ajeno a la vindicación que acababa de ejecutar mi padre.
Cuando mi madre llegó para servirle su plato y vio la mesa llena de tapones lo tachó de sinvergüenza para arriba y claro está, se lió la pelotera. Pero él ni se inmutó, por mucho que mi madre le reprochara lo que acababa de hacer, terminó de comer y se fue a probar los tapones para ver cual le venía bien a su moto. Yo me escurrí de tapadillo con él para comprobar que de los siete tapones, sólo podía utilizar dos. Cuando le pregunté que si podía quedarme con el resto me espetó:
-Esto no es para jugar.

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Para el que sabe ver todo es transitorio