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martes, 31 de marzo de 2009

VENTANA SUR (XV).

Mirar a lo lejos, para ver lo verdaderamente cercano.

jueves, 26 de marzo de 2009

CHAN,... CHAN.

"...al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón...
...por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso
que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo".
"Canción de las simples cosas" de A. Tejada y J. C. Isella.

De la misma manera que de vez en cuando nos besa en la boca, también la vida puede sentarnos de culo de un revés y sin saber como ni porqué, nos descubrimos “chupando un palo sobre una calabaza” -que diría aquél-, sintiendo la desazón del bolero más nostálgico, la seguiriya más amarga o el tango más pasional.
De cualquier forma, somos nosotros quienes elegimos el momento de acabar con la “cantinela” -da igual si es con un “chan,… chan” o con un “chim, pum”-, el caso es poder recuperar el deleite de esas cosas simples que llenan la vida.

video
Escena "El hijo de la Novia" de Juan José Campanella. 2000.

lunes, 23 de marzo de 2009

DEVANEO. Veintiuno.

El corazón es un músculo que si no se "mueve", se endurece.
Se lo hago saber a dos hermanos gemelos para ayudarles a gestar el beso que darán a su madre enferma -de ese mal que todos padecen aún no siendo el paciente y que a todos priva de ser dueños de si mismos-.
Sus sonrisas revelan que no les costará probar.

miércoles, 18 de marzo de 2009

DESUELLO.

La segunda etapa de mi Educación General Básica, estuvo marcada por mi amistad con Pedro. Aunque en clase nos sentábamos por separado, cada día nos esperábamos para compartir el trayecto de ida y vuelta al colegio. Nos pirrábamos por hacer el camino pateando todas las piedras que nos salían al paso o pintando en los zócalos de cemento, los dibujos más obscenos que sabíamos pintar a esa edad, con las tizas que birlábamos en los cambios de clase. Las tardes y fines de semana, recorríamos las calles con su desvencijada bicicleta, -él pedaleando y yo, sentado de media anqueta en la barra-, maquinando que hacer con nuestro tiempo libre.
Pedro, entrando en carnes él y siempre con una sonrisa en los labios, vivía en los aledaños del barrio, en una casa que marcaba el inicio del camino de “El Cerro”, un carril de tierra -hoy asfaltado-, que otrora utilizaran los romeros para ir al Santuario de la Virgen de la Cabeza. De planta baja, tenía un pequeño porche desde donde podía contemplarse toda la extensión de la huerta que trabajaba su padre -y para lo que tantas veces sería requerido mi amigo-. Le encantaba contar como propia la situación que narraba un chiste donde un padre y un hijo labran juntos la tierra con una mula, cuando en plena labor se oye un sonoro pedo, el padre pregunta al hijo que quién había sido, si él o la mula, cuando el hijo reconoce avergonzado su falta, el padre responde con sorna: “ya me parecía muy grande para la mula”… Nos moríamos de la risa.
Cierta vez, fui a buscarlo a casa. Cuando pregunté por él, su madre me dijo que lo encontraría en la casita que tenían al otro lado de la huerta -y que utilizaban como almacén de los aperos del campo-, explicándome que le había encargado ayudar a su hermano a matar y desollar el conejo que mas tarde emplearía en alguno de sus guisos. Yo sabía que cuando su hermano mayor andaba cerca, tenía muchas papeletas de acabar como victima de sus chanzas, pero la curiosidad por ver lo que hacían me resultó tremendamente atractiva, además, la invitación de la madre para que fuera a acompañarlos, fue determinante para ir a ver.
Conforme hacía el trecho del camino de “El Cerro” que transcurría paralelo a la huerta y que me llevaría hasta ellos, recordaba las veces que salí escaldado estando los dos juntos. Se les podía ver a lo lejos trajinando de aquí para allá junto a la higuera cercana a la alberca. Cuando llegué a su altura descubrí a mi amigo sujetando sonriente a un despreocupado conejo por los cuartos traseros, mientras su hermano ataba un trozo de cuerda de pita en una de las ramas de la higuera. Una vez atada la cuerda, apartó a su hermano con un persuasorio “¡deja!” y se hizo cargo del gazapo. Sin protocolo alguno y en un santiamén, acabó con la vida de aquel bicho con un par de pescozones y lo dejó colgando de una pata en la higuera.
- ¿Ya está muerto? -pregunté por lo bajini a mi amigo-
- Ya. -sonrió Pedro-.
Mientras el hermano daba estratégicos cortes en el cuerpo suspendido del animal, me invitaba a acercarme para que no perdiera detalle. Cuando estuve cerca, sin ninguna explicación, tiró de la piel del conejo hacia abajo apartando la cara con un gesto de grima. El aire alrededor se enrareció tanto que me sobrevino una arcada. Mi amigo, que disimuladamente se había apartado con la mano en la nariz, convirtió su sonrisa en una sonora risotada, a la que no tardó en unirse su hermano.
- ¿¡Qué t’ha pasaooo!? -reían jocosos-
El hedor que desprendió el animal al ser desollado, me resultó tan repugnante que acabé vomitando en el arriate de la parra sembrada junto a la puerta de la casita. A cada arcada que daba, la mofa de los hermanos crecía y crecía, casi acabando en el suelo revolcados de la risa.
Los dejé riendo a mandíbula batiente mientras gritaban divertidos mi nombre y salí de allí mareado, sintiendo más que la burla, no haber tenido la mano de mi madre en mi frente como cada vez que vomitaba. Cuando llegué a casa, no pude ocultar mi desazón y le dije que había vomitado.
- Si es que no paras… -dijo, seguramente pensando que venía de corretear las calles con Pedro-... anda, siéntate ahí y no te muevas. -me recomendó con un tono entre la severidad y la dulzura-.
Luego me ofreció una infusión de manzanilla.

Imagen: "Conejo desollado" de Antonio López. 1972.

domingo, 15 de marzo de 2009

ELUCUBRACIONES.

Se dice -creo que- de Curro Romero, el veterano torero conocido como “El Faraón de Camas”, que al ser preguntado por su irregular carrera respondió: “A ver,… todos los días no se puede hacer arte a la cinco de la tarde”.
Ponerse delante de un papel en blanco no siempre es una tarea fácil, no porque no se tenga con qué “mancharlo”, porque por nimios que sean, siempre hay alguna historia que contar o algún garabato que pintar. El problema se presenta al elegir la manera de hacerlo.
Durante el fugaz tránsito por nuestras vidas, no siempre estaremos conectados a esa parte nuestra que pone en el sitio adecuado -ese que nos permite seguir-, todo cuanto hemos vivido, por lo que es inevitable que a veces, sea prioritario restaurar ese centro de equilibrio que notamos desplazado, para que cualquier actividad que emprendamos no resulte insulsa. Por otra parte, creo que no es fácil, para el que “mancha papeles”, obviar la posible existencia de un espectador, un lector que observa con detalle sus elucubraciones, lo que implica reparar en la responsabilidad de tenerlo en cuenta, no ya para encontrar su consenso sino para que simplemente pueda ver lo que se quiere mostrar.
Habrá cosas que sean fáciles de contar, otras requerirán más tiempo y meditación para descubrir como hacerlo y las habrá que nunca verán la luz. A ver,... “no siempre se podrá hacer arte a las cinco de la tarde”.

Imagen: "La muerte de Marat" de Jacques-Louis David. 1793.

lunes, 9 de marzo de 2009

NO PARA MÍ.

Dentro del legado que dejara a la música el tandem George-Ira Gershwin, se encuentra esta pieza, tan agradable de silbar, que se llama “But not for me” y que últimamente me acompaña mientras me afeito, bajo en ascensor o espero en la cola del supermercado. Quisiera acercárosla en principio, de la mano -el clarinete, mejor-, del prolífico e imaginativo Buddy De Franco que interpreta una versión -la más elaborada de las tres que subo-, de ritmo acelerado, plagada de florituras y con un swing maravillosamente arrollador. Para conocer su letra, que mejor que a través de la magnifica, fastuosa y enorme voz de Ella Fitzgerald -…a ver, es que me da mucha compaña-, aprovechando el video que “ourvinylcollection” subió en youtube. Y para terminar la faena -a lo grande-, también podréis ver la excelente -a la par que divertida- versión de Carol Burnett que realizó en los primeros 80’s en el “Show de los Teleñecos”.
Que ustedes lo pasen bien.


Buddy De Franco (cl), Kenny Drew (p), Milt Hilton (b) Art Blakey (d).

They're writing songs of love, but not for me.
Escriben canciones de amor, pero no para mí.
A lucky star's above, but not for me.
Pasa una estrella fugaz, pero no para mí.
With love to lead the way
Con el amor como guía
I've found more clouds of grey
he encontrado más nubarrones
than any Russain play could guarantee.
que cualquier ruleta rusa pudiera garantizar.
I was a fool to fall and get that way;
Fui un idiota por ponerme así,
Heigh-ho! Alas! And also, lack-a-day!
¡valla!, ¡lo lamento!, ademas ¡que pena!.
Although I can't dismiss the mem'ry of his kiss,
aunque no puedo desprenderme del recuerdo de su beso,
I guess he's mot for me.
supongo que es como unviejo coche para mi.


video

He's knocking on a door, but not for me.

Él llama a una puerta pero no para mí.
He'll plan a two by four, but not for me.
Toca un dos por cuatro, pero no para mí.
I know that love's a game;
Sé que el amor es un juego.
I'm puzzled, just the same,
por eso mismo estoy perplejo
was I the moth or flame?
¿Que era la polilla o la llama?
I'm all at sea.
Estoy en el mar
It all began so well, but what an end!
¡Todo comenzó tan bien, pero ¡qué final!
This is the time a feller needs a friend,
es el momento en el que un chorbo necesita un amigo
when ev'ry happy plot ends with the marriage knot,
cuando un feliz “affaire” acaba con el yugo del matrimonio
and there's no knot for me.
y no hay ningún yugo para mí.


video

¿A que dan ganas de silbarla?... ¿No?

martes, 3 de marzo de 2009

ESPERPENTO.

Enredado en el delirante giro
de la órbita más alejada de mí,
-inevitable etapa
de mi ciclotímico periplo-,
vago impróvido para tropezar al fin,
con el vasto panorama que me ofrece
toda cosa que no soy,
-veo agitarse cuanto habito-.
Contemplo confuso los extraños pasos
de figuras ignotas en otroras ajenas,
caducas existencias
que piden de nuevo cerrar el ciclo.

Imagen: Fotograma de "Una partida de campo" de Jean Renoir. 1936.

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Para el que sabe ver todo es transitorio