Cuando todo se derrumba alrededor, ¿qué te impide ver el horizonte?
Pensé que me iba, en realidad me fui. Iniciando un nuevo camino, doy un incierto paso adelante mientras me desenredo de los que me han traído hasta aquí. Dejo atrás todo lo que no pertenece a este presente que ahora me ocupa, asomándome a nuevas ventanas. Desconcertado, cambio de miras, a fin de cuentas ¿no hay que ir hacia la oscuridad para poder ver la luz?
Hoy no, pero mañana veré llegar el sol. Me asomo de nuevo al este.
En su primer día, un niño es acompañado al colegio por su madre. Al ver a los demás púberes lloriqueando, su luminosa sonrisa se torna sollozo. - Pero bueno,... pero si venías ilusionado,... ¿qué ha pasado? - Es que al ver a los niños llorando me ha dado vergüenza... -explica el niño-. Es la primera vez que veo ayudar a un hijo a identificar sus sentimientos: - Eso es pena, cariño...
“Los eclesiásticos, desde sus púlpitos causan catástrofes y los omnímodos poderes fácticos, hazañas bélicas, actos vandálicos los energúmenos y los pacíficos actos inútiles. Entre los lúcidos cunde el desánimo. En las antípodas todo es idéntico, idéntico a lo autóctono”. “Antípodas” de Javier Krahe. 1999.
Hace un mes de la dilatada e ineludible resaca futbolera. Aquel día, bregaba yo con la mía propia, fruto del exceso de vivencias y alcoholes del día anterior.
Mientras volvíamos a casa (nótese por la frecuencia con la que actualizo este cuaderno que desde hace un tiempo viajo acompañado), hubo tiempo para parar en Ruidera... y lo que tiene parar, que ofrece una excelente oportunidad para tomar conciencia de cómo, cuándo, dónde y con quién estás, además de percatarte de la trayectoria que has seguido hasta llegar a ese estado, -o lo que es lo mismo, percatarse de “porqué”, o mejor,... "para qué" hacemos las cosas-.
Reparas entonces en que -pese al martilleante “rum-rum” de tu cabeza-, estás bien,... y que vayas donde vayas, estés donde estés, el mundo puede ser simplemente lo que parece o es cómo te permitas descubrirlo,… y que una u otra forma depende sólo del acento que pongas en las cosas.
Atravesar la piel es fácil, -profusas son las heridas-. Abrir una es cruzarla. La grieta se restaña tras de mí como garganta huérfana de luna. ______________
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. EDUARDO GALEANO.
Por mucho que las facilite, no sería acertado pensar que sólo con el dominio de ciertas habilidades sociales básicas podamos estar asegurando la buena salud de nuestras relaciones con los demás,… además, cabría pensar que no deberían resultar tan difíciles si existe buena disposición para dejar asomar mínimamente ese “mejor hacer” -del que todo dios dispone-, en el implacable ejercicio de nuestra condición de empleado, ciudadano, vecino, compañero,… pero a ver, visto el vertiginoso y soliviantador panorama, que malcontentos y vehementes transitamos a diario -y en el que serenidad, mesura y corrección son fútiles palabras-, no es extraño que cada vez más, al “más-pintao”, -en algún momento, en mayor o menor medida-, le ocurra que, de tanto roce, prenda. Y es ahí, precisamente ahí, -en ese justo momento en el que prenden las pasiones-, donde pueden estar anidando algunas de las mayores tragedias personales de las que podamos tener constancia,… algunas verdaderamente dramáticas.
CHANO LOBATO - "Soleá". 1997.
Tiro piedras por las calles y al que le dé, que perdone tengo mi cabecita loca de tantas cavilaciones. Yo voy arrancando las piedras de la calle y al que le dé, que perdone
Yo no tengo mas remedio que agachar mi cabecita y decir que lo blanco es negro y en mi cortitas oraciones decir que lo blanco es negro.
Acuérdate cuando entonces bajabas descalcita a abrirme y ahora no me conoces, vente conmigo a la retama de los olivos, te voy a querer aunque no tenga pan que comer.