JUEGO DE MEMORIA.
una planta que crece cuanto más la cortas, que se vuelve más estéril cuanto más la cuidas.
¿Por qué?"
Samuel Daniel. s. XVII.
¡Placer impagable éste, que la memoria aún permita volver a los dieciciete!, ...como decía la copla.
Lo que más recuerdo de ese tiempo son las sensaciones que, a flor de piel, se manifestaban radiantes, como luciérnagas en el amanecer de cualquier adolescencia. Ráfagas hormonales que deleitába en forma de sabores, olores, imágenes,… las puertas en primavera recién regadas, el fascinante hálito de la furgoneta del panadero, la compañía del primer cigarrillo de la mañana mientras esperábamos el autobús, la fragancia de los plumieres de tela de las muchachas… casi un fetiche de aquella época.
No fue siquiera mi primer amor, pero sí uno de los primeros por el que el desatino me hiciera mella. Se llamaba Úrsula y además de platónico, fue un amor por correspondencia, ridículo si cuento que ella asistía a clase tres aulas más allá, pero en fin, mi falta de destreza en las artes amatorias y el pacato carácter que esgrimía entonces, -bueno, hay cosas que nunca cambian,… por lo de las artes, digo-, no ayudaron a que aquello tuviera otra forma.
No recuerdo bien como empezó, o quizá sí,… un buen día, por llamarle la atención y tratando de vencer mi tamaña pusilanimidad, hice que recibiera una notica a través de uno de mis colegas que asistía a su clase. Una simple nota donde un dibujo de una chica con corona de flores le decía que le gustaría conocerla… -es aquí donde, si no fuera porque con los años la he perdido, sentiría vergüenza de confesar que me serví de una amiga imaginaria para romper el hielo,… ¡una amiga imaginaria a esa edad!,… en fin. El caso es que ella contestó y lo hizo de la misma manera, inventando otro personaje para hablar a través de él, un tipo pelón con pinta de genio que parecía recien fugado de una lámpara.
Comenzó así una especie de “gynkana galante” que se prolongó durante todo el curso. Cada carta incluía instrucciones precisas para que el otro encontrara la misiva de respuesta. Así, se nos podía ver por las instalaciones del instituto, haciendo gala de nuestro más discreto sigilo, buscando o escondiendo las notas que nos dirigíamos,… debajo de la pata de un banco, detrás de un extintor, en el cajón de la mesa del profesor, en los baños, en el patio,… un juego que acapararía toda mi atención durante aquel curso.
Y pasó que todo quedó en nada,… no pasé de ese extravagante cortejo, nunca me dirigí a ella en persona. En vacaciones seguimos utilizando al cartero para hablar a través de nuestros "avatares",… hasta que el pelón me contó que se había echado novio durante el verano y la de la corona de flores se quedó muda.



