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viernes, 28 de septiembre de 2012

PERSPICACIA vs. SUSPICACIA.

"El arte ha muerto. Liberemos nuestra vida cotidiana", decían las paredes de la Sorbona hace casi medio siglo, cuando parecía una prioridad ensalzar la imaginación en cada idea, cada gesto o cada palabra. Ahora, la sombra de esa imaginación, (siquiera, apenas el eco), parece querer mostrarse en la recurrencia de anodinas actualizaciones de facebuses y tuíteres, que de tan insistentes, nunca la imaginación me pareció tan aburrida. ...y lo peor es que con ella se ha dormido la naturalidad de la que se servía para revelar la trascendencia de lo cotidiano. 


Escena de "Soñadores" de Bernardo Bertolucci. 2003.

viernes, 20 de abril de 2012

VERDADICIDIO

La verdad mata, -o cuanto menos molesta-, y entre una cosa u otra, aturde, estimula o simplemente duele. Quizá por eso sea necesario edulcorar o sazonar la contundencia de su sabor, …para poder tragarla.

lunes, 9 de enero de 2012

VA A SER POEMA.

no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencias de animal
Costumbres” de Juan Gelman.
A ver,… los hombres amamos.
…no es que queramos estar con todas, …que sí,
pero cuando estamos, es mucho más que estar con su sexo.

…como ellas.


decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito debía tener unas 12397
mujeres en su mujer era difícil saber con quién trataba uno en ese pueblo de mujeres ejemplo:

yacíamos en un lecho de amor
ella era un alba de algas fosforescentes
cuando la fui a abrazar se convirtió en singapur llena de perros que aullaban

recuerdo cuando se apareció envuelta en rosas de agadir
parecía una constelación en la tierra
parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra
esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha

como el sol que se ponía en su voz
en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno
y cuando se dio vuelta
su nuca era el plan económico
tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorables a la dictadura militar
o sea nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer
yo estaba ligeramente desconcertado
una noche le golpeé el hombro para ver con quién era y vi en sus
ojos desiertos un camello

a veces
esa mujer era la banda municipal de mi pueblo
tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar
y los demás desafinaban con él
esa mujer tenía la memoria desafinada

ustéd podía amarla hasta el delirio
hacerle crecer días del sexo tembloroso
hacerla volar como pajarito de sábana
al día siguiente se despertaba hablando de malevich

la memoria le andaba como un reloj con rabia
a las tres de la tarde se acordaba del mulo que le pateó la infancia una noche del ser
ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal
la devoraron todos los fantasmas que pudo alimentar con sus miles de mujeres
y era una banda municipal desafinada
yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo

yo compañeros una noche como ésta que nos empapan los rostros que a lo mejor morimos
monté en el camellito que esperaba en sus ojos y me fui de las costas tibias de esa mujer

callado como un niño bajo los gordos buitres que me comen de todo menos el pensamiento de cuando ella se unía como un ramo de dulzura y lo tiraba en la tarde

domingo, 1 de enero de 2012

ICEBERGS.

«"L'enfer, c'est les autres"» («El infierno es los otros»).
Jean-Paul Sartre en “A Puerta Cerrada”. 1944.

Fue Freud quien utilizó la analogía del iceberg para explicar como la parte consciente de nuestra psique representa sólo un diez por ciento, mientras que al inconsciente correspondería un noventa. Una afirmación que explicaría bastante bien los continuos desbarres que tenemos con los demás y con nosotros mismos.
Veo claro que las fricciones entre la gente, -sean para crear un vínculo o sufrir un malentendido-, muchas veces se dan en un plano del que no siempre se es consciente… y es que a ver, como siempre andamos pensando que el mundo, si no es de “Yupi” es de “Dante”, -o viceversa-, siempre notaremos el roce con nuestro partenaire si no nos aprueba, o que todo se ilumina cuando lo hace, -por poner un ejemplo-… o no responde -o sí- a nuestras expectativas, o descubre –o no- nuestro más íntimo sentimiento, …en fin.
Va a ser que el ejercicio de estar consciente no depende tanto del mundo que nos retrata el otro, sino del que cada uno es capaz de ver, mas allá del blanco y el negro, de lo tuyo y lo mío, del tú y yo.

Que este año nos traiga luz.

lunes, 28 de noviembre de 2011

HISTORIAS DE RATICOS Y RELEVANCIAS.

Nada permanece siempre lo mismo.

Hay que ver, que incierto era este momento cuando en el pasado apenas era algo por venir y ahora, que es presente, aparece tan claro como entonces. Parece que soy el mismo y soy otro que parece el mismo.
Me percato de que hay gente ahí y escribo,… y reparo en el batiburrillo de ideas y sensaciones que es lo que se escribe. Un mundo construido a golpe de excesos y carencias al que siempre hay quién gusta asomarse.
Momentos vendrán donde pueda mostraros algo.


"Historias de Cronopios y Famas" de Julio Cortázar. 1962.

miércoles, 10 de agosto de 2011

LA CLAVE.

Imagine que la tierra está exclusivamente poblada de budas,
que todos los seres con los que se cruza se encuentran
en un estado de iluminación, con una excepción: ¡usted!
Imagine que dichos budas existen para impartirle enseñanzas,
que la actuación de todos y cada uno gira en torno a su bienestar,
que los comportamientos de cada cual únicamente están orientados
a ofrecerle las enseñanzas y colocar los obstáculos que necesita para despertar.
Jack Kornfield.


"...eso es como tó", ¿Habrá kōan más acertado -y cercano-?



Escena: "Todo lo demás" de Woody Allen. 2003.

sábado, 30 de julio de 2011

REBELDÍA VS. REVOLUCIÓN.


La verdadera revolución radica en el triunfo del deseo.
Raymond Queneau.


El deseo es algo que compromete, que condiciona, que encarcela, aún así, puede encaminarnos al cambio más veraz que existe y que es el propio cambio interior. Ya lo decian nuestros viejos, "querer es poder".

JOAQUÍN SABINA- Dónde dijeron digo decid Diego. 1978.


Nos enseñaron a tener paciencia
nos enseñaron a no andar descalzos
nos enseñaron a morir de viejos
nos enseñaron a vivir a plazos
nos enseñaron a guardar silencio
nos enseñaron a temer la noche
nos enseñaron que el placer es malo
nos enseñaron a crecer a golpes
nos prohibieron las cosas más hermosas
ir al campo a robar brevas
bañarnos en el verano con las mozas en la alberca
y crecimos enfermizos faltos de aire y de besos
llena la piel de preguntas que contestaba el silencio
pero apareció la vida cuando moríamos de sed
era una fuente su cuerpo que invitaba a los sedientos
a beber, a beber.
probamos la dulzura de la carne
supimos que aún estábamos a tiempo
nos hartamos de besos, de manzanas,
declaramos la guerra al sufrimiento
nos quitamos la vieja piel a tiras
renegamos de todo lo sabido
prometimos pecar a manos llenas
nos hicimos más tiernos y más niños
ahora, cada día tiene su fruto
cada noche su secreto
y el tiempo es una mentira
que han inventado los viejos
al arrancarnos las vendas
que nos negaban el cuerpo
descubrimos el presente
que es lo único que tenemos
y cantaremos la vida y no abriremos la puerta
a la muerte mientras dentro del cuerpo quede una gota
de deseo, de deseo.

sábado, 2 de julio de 2011

TENDENCIAS.

“Encontrar un sitio donde todo esté en su lugar”, esa es -supongo- una máxima que cualquiera puede abanderar, la tendencia natural de todo dios, la razón por la que nos movemos, nos resistimos y sufrimos.
Y es que dependiendo de lo lejos que estemos de ese lugar, será lo cerca o no de estar en el mundo.

… y es aquí donde me gustaría seguir escribiendo, o no.

FERNANDO ALFARO - "Extintor de infiernos". 2011.


martes, 1 de febrero de 2011

MIEDO A VOLAR.

"La libertad es la cárcel más grande de todas las cárceles".
Javier Corcobado
.

Según mi hermana, “de niño era muy bueno”, “donde lo dejabas se quedaba”, dice. Lo que probablemente no recuerda es que la mayoría de las veces en las que mi padre o alguno de mis hermanos salían, me hubiera gustado acompañarlos, -en lo que a mi se me antojaba como una estupenda oportunidad para conocer el mundo-, pero pocas eran esas veces en las que alguno de ellos estaba dispuesto a consentir mi compañía.
Fue en un radiante día de la primavera de mi niñez cuando muy de mañana, mi padre me permitió acompañarlo a “pillar colorines”, -siempre y cuando, claro, fuera capaz de obedecerlo en todo y permanecer “muy callado”, toda vez que nos metiéramos en faena-.
Ardua tarea aquella –no el silvestrismo, que también, sino contener mi excitación, digo-, más aún cuando mi mente infantil imaginaba ya antes de salir dónde habría de colocar la jaula para disfrutar plenamente de mi ilusorio arco iris plumífero. Después de un primer aviso, las condiciones establecidas por mi padre parecían más que razonables, si con eso acabábamos cazando alguno de aquellos pájaros de tan vivos y maravillosos colores.
Aunque desde el principio y durante todo el camino, mi padre me llamara la atención haciendo alarde de su escueto repertorio de súplicas, advertencias y amenazas –consistentes y coincidentes todas ellas en “volvernos a casa de inmediato”- mi imaginación no cesaba de volar junto a aquel quimérico jilguero por el que me mostraba tan ansioso de atrapar.
Pasamos la mañana agazapados entre los olivos que custodiaban un campo en barbecho, divisando a lo lejos la mata atestada de varillas engomadas con liria que mi padre había colocado tan estratégicamente en aquel calvero. Mi abnegado padre, echándose de vez en cuando un cigarrito y de cuando en vez pidiéndome silencio, -sobre todo cuando me abstraía en demasía y acababa escarbando con un palito en mis pensamientos, hasta el punto de llegar a creer que, si aquello era así, no era tan divertido eso de cazar colorines-, tuvo en todo momento puesto un ojo en la mata y otro en lo que yo hacía, y llegado el momento, -valga la redundancia- cuando dio por terminada la faena, con todo pudimos volver a casa con un ejemplar preso en una jaula minúscula.
Ilusionado, corrí con aquella jaula con un remolino de colores revoloteando en su interior para mostrar a mi madre nuestra captura, pero su, ya por aquel entonces más que incipiente, sufrida abnegación se deshizo de mi con una de sus tajantes sentencias:
- “No hacéis nada más que darme trabajo”.
Mi ilusión por el ave era tanta que tardé un amén en deshacerme de la afección de aquel despropósito, aunque mi ocurrente padre, que obviamente le tenía cogidas las vueltas a Doña Tecla, salió al quite y haciendo de nuevo alarde de su parquedad, dijo algo entre descorazonador y enigmático.
- “A ver si canta”.
Aunque me costó un rato, llegué a entender que esa sería condición ”sine qua non” tendría que despedirme del pájaro.
Después de un tiempo, mi antojo por el bicho seguía tan vivo que no me dejaba percatarme de que mientras siguiera contemplando los vivos colores de su plumaje a través de unos barrotes, algo se le iba apagando de a poco, algo tan necesario para él que le impedía cantar.
Pasaron los días y el pájaro no cantó.
Para no disgustarme, se decidió que la decisión de soltarlo fuera mía, pero desde mi inconsciente ceguera, no podía alcanzar a ver que cuanto más lo retenía, más me alejaba de él. Al final, no sin reticencia, acabé admitiendo que si el animal no podía mostrarse en su plenitud, con sus colores y su canto, lo mejor sería soltarlo. Supongo que mi atención ya estaba puesta en alguna otra cosa. Mis padres en todo momento, de cualquier manera, sabían que era cuestión de esperar
Tardó milésimas en remontar el vuelo emitiendo un graznido, que perfectamente podía interpretarse como “gracias” o como “ahí te quedas, hijoputa”,… lo curioso del caso es la sensación de libertad con la que quedé mientras miraba como se alejaba, esa libertad que tiene que ver mas con el verdadero conocimiento de nuestra más íntima identidad –tan flexible que nos lleva a actuar de una u otra manera y reconocer ambas como válidas-, más con nuestra propia naturaleza que con el insípido y caprichoso "libre albedrío".
Me gusta pensar que algunos de los pájaros que pasan por mis ventanas saludan al pasar.

Imagen: "Sin título" de Santiago Ydañez. 2009.

sábado, 8 de enero de 2011

MUDANZAS Y PERMANENCIAS.

Cuando todo se derrumba alrededor,
¿qué te impide ver el horizonte?

Pensé que me iba, en realidad me fui.
Iniciando un nuevo camino, doy un incierto paso adelante mientras me desenredo de los que me han traído hasta aquí. Dejo atrás todo lo que no pertenece a este presente que ahora me ocupa, asomándome a nuevas ventanas.
Desconcertado, cambio de miras, a fin de cuentas ¿no hay que ir hacia la oscuridad para poder ver la luz?

Hoy no, pero mañana veré llegar el sol. Me asomo de nuevo al este.

martes, 10 de agosto de 2010

MUNDO ESDRÚJULO.


“Los eclesiásticos, desde sus púlpitos
causan catástrofes y los omnímodos
poderes fácticos, hazañas bélicas,
actos vandálicos los energúmenos
y los pacíficos actos inútiles.
Entre los lúcidos cunde el desánimo.
En las antípodas todo es idéntico,
idéntico a lo autóctono”.
Antípodas” de Javier Krahe. 1999.

Hace un mes de la dilatada e ineludible resaca futbolera. Aquel día, bregaba yo con la mía propia, fruto del exceso de vivencias y alcoholes del día anterior.
Mientras volvíamos a casa (nótese por la frecuencia con la que actualizo este cuaderno que desde hace un tiempo viajo acompañado), hubo tiempo para parar en Ruidera... y lo que tiene parar, que ofrece una excelente oportunidad para tomar conciencia de cómo, cuándo, dónde y con quién estás, además de percatarte de la trayectoria que has seguido hasta llegar a ese estado, -o lo que es lo mismo, percatarse de “porqué”, o mejor,... "para qué" hacemos las cosas-.
Reparas entonces en que -pese al martilleante “rum-rum” de tu cabeza-, estás bien,... y que vayas donde vayas, estés donde estés, el mundo puede ser simplemente lo que parece o es cómo te permitas descubrirlo,… y que una u otra forma depende sólo del acento que pongas en las cosas.

Imagen: Idiograma de "Verdad".

jueves, 10 de junio de 2010

TERAPIAS Y DRAMAS.

Al fin y al cabo,
somos lo que hacemos
para cambiar lo que somos.
EDUARDO GALEANO.

Por mucho que las facilite, no sería acertado pensar que sólo con el dominio de ciertas habilidades sociales básicas podamos estar asegurando la buena salud de nuestras relaciones con los demás,… además, cabría pensar que no deberían resultar tan difíciles si existe buena disposición para dejar asomar mínimamente ese “mejor hacer” -del que todo dios dispone-, en el implacable ejercicio de nuestra condición de empleado, ciudadano, vecino, compañero,… pero a ver, visto el vertiginoso y soliviantador panorama, que malcontentos y vehementes transitamos a diario -y en el que serenidad, mesura y corrección son fútiles palabras-, no es extraño que cada vez más, al “más-pintao”, -en algún momento, en mayor o menor medida-, le ocurra que, de tanto roce, prenda.
Y es ahí, precisamente ahí, -en ese justo momento en el que prenden las pasiones-, donde pueden estar anidando algunas de las mayores tragedias personales de las que podamos tener constancia,… algunas verdaderamente dramáticas.

CHANO LOBATO - "Soleá". 1997.

Tiro piedras por las calles
y al que le dé, que perdone
tengo mi cabecita loca
de tantas cavilaciones.
Yo voy arrancando las piedras de la calle
y al que le dé, que perdone

Yo no tengo mas remedio
que agachar mi cabecita
y decir que lo blanco es negro
y en mi cortitas oraciones
decir que lo blanco es negro.

Acuérdate cuando entonces
bajabas descalcita a abrirme
y ahora no me conoces,
vente conmigo
a la retama de los olivos,
te voy a querer
aunque no tenga pan que comer.


Escena: "Los Olvidados" de Luis Buñuel. 1950.

domingo, 30 de mayo de 2010

NATURALIDAD.

"Nadie percibe una vibración en el otro,
sin experimentarla en sí mismo".
HERMAN HESSE.

Uno de los standars más versionados y sentidos de la galaxia jazzística es este "Nature boy" de Ahbez Eden, que tan delicadamente interpretara Nat King Cole en 1948. La versión de la escena de más abajo, -que tan grande le queda a su protagonista-, es una delicia de Jon Hassell (trompeta) con Ronu Majumdar (flauta).

NAT KING COLE - "Nature boy". 1948.

There was a boy,
Habia un chico,
a very strange enchanted boy.
un chico extrañamente encantador.
They say he wandered very far, very far
Decían que vagaba desde muy, muy lejos,
over land and sea.
mas allá de la tierra y el mar.
A little shy and sad of eye
Algo tímido y de mirada triste
but very wise, was he.
pero muy cabal, era él.

And then one day,
Y entonces un día,
a magic day, he passed my way
un mágico día, se cruzó en mi camino
and while we spoke of many things,
y mientras hablaba de muchas cosas,
fools and Kings, this he said to me
de locos y reyes, me dijo esto:
"The greatest thing you'll ever learn
“La cosa más grande que jamás aprenderás
is just to love and be loved in return”.
es precisamente a amar y a ser amado”.

"The greatest thing you'll ever learn
“La cosa más grande que jamás aprenderás
is just to love and be loved in return”.
es precisamente a amar y a ser amado”.


Escena: "Mirada de Angel" de Luis Mandoki. 2001.

lunes, 5 de abril de 2010

PENDONES POR PERDONES.

"Perdona a tu pueblo, Señor,...
...no estés eternamente enojado,
perdónale Señor".
Canción Tradicional.


Se dice que “el mismo pecado lleva consigo la penitencia”, por lo que no estaría de más cuestionarse la necesidad/inutilidad del perdón.
Puede ser una necesidad para quienes lo entiendan como ese oneroso e ineludible tributo que ha de satisfacerse para poder librarse de la mortificante carga de sentir “haber sacado los pies del plato”; o para los que siguen y transgreden una y otra vez los paradójicos principios de cualquier encarecido dogma; o para quienes la compasión les resulta ajena, -esa compasión que tiene más que ver con el conocimiento del otro que con la redención o la clemencia-.
Para quienes consideran el perdón como una simple herramienta para ayudar y permitir -a los demás y uno mismo-, continuar progresando en el camino del crecimiento, el perdón no se necesita más que la atención o la paciencia.
También dicen que “para el que sabe amar, todo es perdonable” por tanto, quién atesora el perdón, no ama, simplemente porque no sabe,… y eso es perdonable.
Quién ama ha perdonado primero.


Imagen: Procesión de "Nuestro Señor Resucitado" en Úbeda. 2010.
Escena: "Nueve cartas a Berta" de Basilio Martín Patino. 1966.

jueves, 25 de marzo de 2010

...DE REVÉS.

Observar: ver la semejanza de los diferentes.
Comprender: ver la diferencia de los iguales.

martes, 27 de octubre de 2009

NATURALEZA HUMANA.

Entre todas las exigencias y concesiones que nos podemos infringir, habita soterrada nuestra naturalidad, ese lugar común donde todavía es posible el encuentro con cualquier otra alma, -amén de la nuestra-.

VAN MORRISON - "Sweet thing". 1968.
Imagen: Frida Kahlo en 1931.

lunes, 19 de octubre de 2009

UN SUSPIRO.

Mientras buscamos la fórmula para vivirla de la manera más rentable, va y se nos pasa. Si, a ver, la vida es un suspiro.

miércoles, 7 de octubre de 2009

MODELOS PARA ARMAR.

Aprender no es algo que salga de balde,… cuesta, quiero decir. Y es que, por aquello de nacer ineludiblemente solos y profusamente ignorantes, estamos condenados a aprender de nuestros semejantes mas aventajados -o no tanto-, a sobrevivir en este proceloso mundo de argucias, desafíos y contiendas y eso, claro está, tiene su coste. Sería poco menos que un suicido ignorar nuestra condición de “animal social”, obviar nuestra necesidad primaria de crear y mantener sanas y provechosas relaciones con nuestros iguales, de quienes, a fin de cuentas, nos nutrimos física, espiritual y afectivamente.
Adquirir las habilidades para manejarse medianamente en situaciones que implican relacionarse con los demás, es algo que puede aprenderse con un sencillo entrenamiento, incluso convertirse en una persona capaz y competente puede resultar viable, pero comportarse concientemente de manera adaptada y preservar la propia identidad, -sin acabar a años-luz de la naturaleza de uno mismo-, es harina de otro costal. Sencillamente porque no todo el mundo está dispuesto a pagar el precio que conlleva el aprendizaje.

Imagen: Acuarela de Henry Darger destinada a ilustrar su libro "La Historia de las Vivians, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la Rebelión de los Niños Esclavos". Escrito durante sus últimos 40 años.
Escena: “Gran Torino” de Clint Eastwood, 2008.

domingo, 13 de septiembre de 2009

TODO ESTÁ EN LOS CORAZONES.

"...Yo he visto crecer las flores
en la crin de los caballos
y mirlos y gorriones
en los ojos de los gatos.
Todo está en los corazones,
solamente hay que buscarlo...".
"Un polico de naranja", Carlos Cano. 1996.
"...and I've seen what I need
and that is enough.
To want more would be greed.
I've seen what i was
and I know what I'll be.
I've seen it all, there is no more to see...".
"I´ve seen it all", Björk. 2000.


A los cuatros vientos, en la tarde anochecida,
cómo todo está unido entre sí, proclama el vate,
-lo viejo y lo reciente, lo propio, lo lejano,
lo escondido y conocido, visible o invisible-.
Cientos de nóveles murciélagos curiosos
se dibujan por entre la blanca luna plateada,
alborotando la ilusionada paz de la memoria.
Miembros sin manada, canícula enardecida.

A través del viaje que me trajo hasta aquí,
vi la verdad al amparo de un sólo gesto
y aplaudir cada vano intento de penetrarla
con encrespados discursos de cien mil palabras;
vi prender la ira en los susurros encendidos
y apaciguarla con la humedad de un beso.
La inmensidad del universo en unos ojos,
la lejanía de nosotros mismos en su reflejo.

Escena: “Blade Runner” de Ridley Scott, 1982.

miércoles, 26 de agosto de 2009

CURSILLOS DE NATACIÓN.

Desde mi infancia obra en mi poder un diploma que me acredita como “Carpa”, esto es, que en lo tocante a mi habilidad para desenvolverme en el agua, se me considera capacitado para zambullirme y flotar adecuadamente. Nada más lejos de la realidad, ya que si existiera la categoría “Pez de plomo” yo sería uno de sus más cabales representantes.
Mi amigo Miguel se apuntó para “aprender a nadar” justo el verano en el que el par de años que le llevaba empezaba a manifestarse con el desconcertante achichonamiento de mis tetillas y la aparición de una grotesca pelusa en mi bigote. Su insistencia para que lo acompañara -y la de mi madre, siempre pendiente de que no me perdiera ninguna de las oportunidades que ella pudiera considerar fundamentales-, fue tanta que no me quedó más remedio que asistir al condenado último cursillo de natación de aquel verano.
Desde el primer día en aquel sarao supe que nunca llegaría a sentirme “como pez en el agua”, los niños que serían nuestros compañeros apenas tenían la edad de Miguel y los muy cabritos, a fuerza de haber estado todo el verano dándole que te pego al trampolín, se movían en el agua como si verdaderamente hubieran nacido en ella.
Comenzábamos las sesiones haciendo calentamientos de brazos y piernas, haciéndolos girar de todas las suertes posibles -hasta que no podíamos aguantar el dolor-, luego, ya sudorosos, nos duchábamos -con un agua tan gélida que casi siempre acababa por dolerme la cabeza-, para después prolongar el martirio en alguna de las dos piscinas de las que disponíamos.
Baldomero, el monitor, era un muchachote que siempre andaba presto a enseñar a flotar al grupo de críos de turno y su palmito al grupo de gachís que pululara por allí en ese instante, por lo que la mayoría de las veces los nenes pasaban la mayor parte del tiempo correteando de aquí para allá o haciendo el indio en la piscina chica, dándose ahogadillas los unos a los otros, practicando la versión más salvaje del balonvolea o tirándose de la manera mas peligrosa posible por la parte más honda, hasta que Baldomero llamaba al orden o decidía que era hora de meterse en la piscina grande -la que cubría-, para practicar la zambullida, mover las piernas apoyados en el borde o hacerse “un ancho” con ayuda de un flotador.
No hubo día que no temiera el momento de meterme en alguna de las dos piscinas. En la chica porque nunca faltó el imbécil que tratara de ahogarte “a las primeras de cambio” y en la grande, porque me aterraba la idea de que, sin hacer pie, pudieran hacerme lo mismo que hacían en la chica. Durante los días que durara el cursillo sufriría uno de los mayores suplicios de mi vida. Cuando llegaba el momento de meternos en la piscina chica, mientras que todos corrían como locos para zambullirse estrepitosamente, yo me hacía el remolón para encontrar el sitio mas despejado del borde, allí me sentaba y cuando las circunstancias acompañaban -cuando no había nadie empujándome o esperándome en el agua, quiero decir-, me metía de a poquito y trataba de disfrutar a mi manera de aquel hervidero. Cuando tocaba la grande, me las ingeniaba para bajar al agua a hurtadillas por las escaleras, siempre procuraba pasar desapercibido entre los chapoteos de aquella excitada horda, que como podía mantenía a raya y por supuesto, nunca me ofrecía voluntario para practicar ejercicios nuevos.
Pero pasó que un día, Baldomero se dio cuenta de mis evasivos ademanes y pasó que quiso que adelantara todo lo que ya no podía adelantar en un solo día. Cuando me llamó a su lado, cerca de la piscina grande, me temblaban las piernas. Conociendo mi miedo al agua, trató de que lo superara a golpe de zambullida y me propuso saltar al agua con él, asegurándome que estaría a mi lado para ayudarme a asir el borde. Me pidió que confiara y confié, así que contamos hasta tres,… uno, dos y… ¡Choof!,… salté solo.
A medida que caía veía como se quedaba atrás quién iba a ayudarme a encontrar el apoyo que seguramente necesitaría allá abajo y sentí verdadero pánico. Conforme me hundía, a través del oscilante balanceo del agua, observé como Baldomero saltaba tras de mí y apenas sentí su contacto, me aferré a él como una lapa para asegurarme de no volver a perderlo. Peleamos, peleamos y peleamos, hasta que pudo zafarse de mí como si Sigourney Weaver se zafara del mismisimo “octavo pasajero”.
- ¡Nunca te cojas a mí así!,… -gritaba-… ¡es que ¿quieres que nos ahoguemos los dos?! -me reprochaba mientras tratábamos de recobrar el resuello-.

Quizá esa fuera la semilla para que más tarde pudiera entender que cuando uno se hunde y más necesita de alguien, nunca debe arrastrarlo consigo.

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Para el que sabe ver todo es transitorio